Puesta al día del blog se ha dicho!! Después de la regata Les Voiles de Saint Tropez estuvimos ante la incertidumbre de pasar el invierno en Palma o en Francia. Teníamos trabajos serios de pintura del casco y puesta a punto de maquinaria que acometer y la verdad es que los astilleros hoy por hoy son todos unos piratas. La decisión cayó cuando al salir de Saint Tropez observamos una vía de agua nada desdeñable, a causa de un problema en la bocina, que no nos permitía navegar hasta Mallorca. Recalamos primero en Cannes y después de mucho pensar y presupuesto va y presupuesto viene, decidimos sacar el barco en el puerto de Villefranche sur Mer, un lugar encantador, pequeño, al lado de Niza, donde todo el mundo es muy amable (que ya es decir en la Côte d’Azur) y cuyo dique seco y murallas datan de la época de Napoleón nada menos. Meter el barco en la ensenada fue una acción titánica, porque el puerto cala 3,40 m y nosotros unos 4 m!! Físicamente imposible entrar el barco sin destrozar la quilla o quedarnos embarrancados. Así pues, empezamos a quitar peso… fuera toda la jarcia (sólo los mástiles, botavaras y demás perchas: 12 toneladas), fuera la cadena (otra toneladilla), el ancla (unos 350 kg), etc. etc. Hasta las cacerolas y las latas de atún sacamos!!! Aún así no era suficiente, así que finalmente tuvimos que optar por una técnica que en el puerto no habían utilizado nunca. De hecho, estaban muy interesados en ver qué tal funcionaba y la capitanía apoyó la moción: elevar el barco con globos de aire colocados a los lados de la quilla. El día X, un montón de gente viendo el espectáculo, buzos en el agua, marineros corriendo arriba y abajo y nosotros con el corazón en un puño controlando la jugada. Una vez se hubo elevado el barco, fuimos entrándolo tirando a mano de cabos lanzados a tierra hasta que afinamos más o menos su emplazamiento. Se cerró la compuerta del dique, llenaron el dique con más agua, de forma que el barco pudiera ‘flotar’, y acabamos de ponerlo en su sitio. A partir de ahí, apuntalado y vaciado del dique hasta que quedó en seco.
Un ejército de polacos empezó el mismo día a montar los andamios alrededor de todo el barco y una burbuja por encima y listo para secar y empezar a lijar como locos.
Llevamos en Villefranche desde octubre y la verdad es que sigue pareciéndome un sitio encantador. Estaremos por estas latitudes hasta abril. A partir de ahí, empieza la temporada otra vez y por fin zarpamos de nuevo por los mares…
Un ejército de polacos empezó el mismo día a montar los andamios alrededor de todo el barco y una burbuja por encima y listo para secar y empezar a lijar como locos.
Llevamos en Villefranche desde octubre y la verdad es que sigue pareciéndome un sitio encantador. Estaremos por estas latitudes hasta abril. A partir de ahí, empieza la temporada otra vez y por fin zarpamos de nuevo por los mares…

No hay comentarios:
Publicar un comentario